Normalmente los lunes son rehuidos por todos, yo lo he estado esperado toda la semana, en la tarde tendré una cita. Desperté lleno de energía, creo que estoy muy ansioso. Me levanto entusiasmado y con una sonrisa en mi cara, no es como que pueda verla; pero uno se da cuenta cuando eso sucede, inclusive me duelen un poco los cachetes, algo bueno debí de haber soñado durante toda la noche. Enciendo el calentador para que el agua este lista mientras desayuno, porque hoy será un largo día.
Salgo cerca de las 6 AM, cuando la luz del sol aun no ilumina en su totalidad, puedo oler el pasto mojado del jardín, por una razón que no tiene sentido alguno una imagen suya aparece en mi mente, es una fria mañana siento el fuerte aroma que desprende el rocio, al mismo tiempo que siento un escalofrió. Camino unas cuadras y tomo el transporte público. A pesar de lo pesado del trafico la tensión del viaje se ve interrumpida cuando se sube un muchacho. Lleva una guitarra y en conjunto con su voz, ameniza un poco la travesía.
Acaba sus tres canciones y nos pide una monedita diciendo. –Se que lo más importante es siempre creer en uno mismo; pero su monedita, además de ayudarme a comer es esa pequeña ayuda de parte de los demás que es una gran bendición.- Dejando de lado que la música me agradó, las palabras me llegaron profundo, se llevo bastantes monedas de ese viaje.
El día transcurre de lo más tranquilo, será porque no he dejado de pensar en que pasará, no puedo concentrarme en nada mi mente vuela, sólo vuela. Caminando me encuentro con un puesto de flores, y recuerdo al cantante amateur. Se me ocurre llevarle unas flores, espero que de alguna manera le ayude a salir de ese mundo, se que las flores no le darán de comer; pero quiero que mejore su vida.
Llego al lugar de la cita, saludo al vigilante, somos buenos amigos, al parecer llego a tiempo, no me hacen esperar, subo dos pisos, me gusta hacerlo por las escaleras me dan tiempo para pensar en ella, como si no lo hubiera hecho durante el día entero. Sé que ella no suele recibir este tipo de visitas, ojala que se vaya acostumbrando...
Llego a la habitación, no sé porque estoy nervioso, no es como que no lo haya hecho antes, he estado antes aquí. Lentamente giro la perilla y entro a la habitación, ella esta esperándome en la cama, como cada semana. La saludo y le muestro las flores, se me sale una sonrisa boba aunque a ella no le parece gracioso.
-Se que no suelen traerte flores y a pesar de no saber cuáles son tus preferidas, te traje unas rosas.- le miro fijamente y puedo alcanzar a distinguir una sonrisa. -Casi nunca fallan.- Espero que sea una sonrisa, aunque lo más seguro es que la este imaginando, me acerco a la ventana y mi mirada se pierde por un instante en el horizonte. –Se que nadie viene a platicar contigo, se que suelen venir a otras cosas; pero toda la semana he estado ansioso de verte- Volteo a verla. –Y contarte todo lo que me ha pasado en la semana.- No hay respuesta alguna, espero que no sea indiferencia lo que veo, no puedo estar seguro.
-Bueno- Mi mirada se aleja de ella, buscando algún lugar donde dejar las flores, no hay ningún lugar en donde ponerlas. –Quiero que sepas que cada semana seguiré viniendo.- Camino despacio hacia la puerta. –A pesar de que parezca que ni siquiera me conoces, ya te he contado mucho de mí, y… y… - Tartamudeo al hablar, no puedo creer que este tan nervioso, aspiro fuertemente dándome animo y termino la frase. -Y aunque parezca extraño ya siento que te estimo.- Le sonrió y me sonrojo. Abro la puerta, salgo y camino unos cuantos metros, donde veo a una mujer caminando, le toco el hombro mientras le digo. –Enfermera, me podría conseguir un florero por favor-
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