Lo que me faltaba...

lunes, 1 de octubre de 2012

Skeletterne


A veces vienen doctores a visitarme... –¿Quieres saber por qué?, amiga mía. – Sé que soy diferente,  y eso no lo entiende esa gente. Tengo 13 años es normal que me den miedo las sombras, que me gusten los dulces y que me lleven de compras. Aun viajo en bicicleta y nunca hablo con extraños, eres mi único amigo el que ha sobrevivido todos estos años. Te hablo mucho,  creo que llego a ponerte muy molesto, me gritas y es por eso que a veces no te contesto; pero das la vida por mí, y yo por ti, mientras no se me olvide como mentir. Comienzo a pensar de verdad, ahora si me lo has hecho notar. –Te has acostumbrado tanto a tu vida, que no te has podido percatar– 
Camino por la ciudad algo desesperada, me altera ver las diferencias, estoy realmente asustada. Llevo un pantalón que me queda corto y un chaleco que me aprieta, no dejo de escucharte, –Eres como talla noventa– A diferencia de las demás personas, yo tengo más que sólo huesos, tengo carne y ellos no son bestias, no son obesos. 
Llegando a casa miro la televisión, a los actores, a las actrices... después comienzo a escuchar mis ideas más impacientes… jamás había pensado, jamás me había planteado que tu nunca me mientes. –Las estrellas de la tele son muy diferentes a ti, ni en la calle hay gente parecida a ti–. Nadie tiene carne, no lo había notado, ninguno tiene más que su esqueleto, todos tienen cabello y con semblante muy escueto. –Por eso todos te ven de reojo y te tratan de lejitos–. Soy muy diferente y ellos son unos malditos. 
–¿Cómo es posible que jamás te hayas dado cuenta? – Creo que jamás había puesto real atención. Como es posible que este toda grasienta. Me levanto de mi cama, ahora todo tiene sentido, camino tambaleante hasta la ventana, mis padres siempre me han mentido. Recorro la persiana  –Mira, en la calle nadie es como tu– Me llevas hacia el buro, te sigo con lentitud. 
–Mira estas fotografías– Estoy con mi familia, –todos son esqueleto menos tu, también toda esa multitud. – Me miro al espejo, la imagen que se refleja es una imagen muy diferente a la que estaba acostumbrada a ver, no lo puedo ni creer. –Quieres ser como ellos–. La inocencia invade mi mente, quiero ser como toda la gente. –Todos lograron quitarse sus cuerpos, todos prefirieron quedarse solo con sus esqueletos. ¿Quieres saber cómo?, no es ningún secreto–. 
–Ven amiga mía, acompáñame al baño– Me veo al espejo, creo que nunca me he gustado. Quiero tu consejo. –Abre el cajón de Papá, dentro esta una navaja de afeitar– Tienes razón, con ella me podrás ayudar. –Lo haré rápido, tendrás que aprender a la primera. –  Te haces un corte en la frente y te quitas la cabellera. –No hay dolor, ni siquiera una gota de sangre, no debes tener miedo, es solo estambre–. 
Tomo la navaja, es mi turno. llevo la navaja hasta mi muñeca, hago un corte que me duele pero solo hago una mueca. –Mírate en el espejo, ahora eres más bella–. Me asusto, comienzo a ver puras estrellas; pero me siento feliz, me comienzas a ver como todas ellas. Me falta poco para que parecer toda una doncella.   
–Si la respiración te falla, si te sientes débil y mareada. Es porque estas toda emocionada –. Mi cuerpo se viene abajo, mi memoria falla, ruedo por el suelo y me enredo en una toalla. Pienso en papá y mamá ¿se levantarán alarmados?, ellos están en la sala, –Oh, oh, has sido una niña mala– Escucho pasos agitados, seguro caminan hacia acá, escucho mi nombre, no puedo contestar. Demasiado tarde, estoy boca abajo en el suelo,  con un charco de sangre y una escalera hacia el cielo. 

1 comentario:

Eva Janol dijo...

atrapas, envuelves... JANOL