Lo que me faltaba...

jueves, 8 de octubre de 2015

2 y el narrador

Miró a su alrededor, tenía una taza de café a medio tomar, un cuaderno con los apuntes que debía dominar en cinco horas exactas y justo en el lugar que él debía ocupar se encontraba un cascaron humano: una armadura de piel que evitaba que sus órganos cayeran al suelo y se ensuciaran.
El cascaron estudiaba a un ritmo lento e hipnótico las notas de su cuaderno mientras que él no dejaba de pensar en bombones, disfraces y en cuanto deseaba tener una bicicleta para viajar por la ciudad... y por supuesto en que si tuviera control de ese cascaron se comería una caja entera de bombones cubiertos de chocolate mientras pedalea por la ciudad disfrazado de Pennywise.
Es curioso poder ver el fenómeno desde un punto de vista neutral, si es que se le puede llamar de esa manera, ya que al conocer las intenciones de ambos puedo decidir escribir acerca de narices rojas, ruedas y caramelo con grenetina antes de tratar de explicar el fenómeno por el cual  una molécula de RNA mensajero madura para dar paso a una gran variedad de posibles señales.

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