Clau, Jorge, Elena y la más reciente inclusión al grupo, Jessica cumplían 30 años la primer semana de junio, y dejando de lado a Jessica, el resto se conoció en la preparatoria, ellos tenían un grupo de amigos más grande que se fue reduciendo con el tiempo.
n viernes de verano, el primero de junio de ese año fue declarado como el día más cálido y seco de la temporada. Entre los invitados al fin de semana en Acapulco, los únicos que no se conocían eran Joel y Nancy.
La cita era a las 2 de la tarde,
Una mujer blanca, una mujer capaz de encender la mente con su aroma a incontrolable sexo color de rosa, una mujer que se constituyó a si misma sumisa para mi gozo, satisfacción y delirio. Una mujer tan natural que la sociedad en la que vive la tacha de impura e inhumana por que su cuerpo ha sido esculpido para admirarse sin prenda alguna, con su pícara sonrisa llena de lujuria que nos encamina al éxtasis del infierno, una mujer tan sensual y tan real que crea un halo que derrite a la gente cínica que se nos acerca.
En momentos de debilidad mis deseos comparan a esa mujer con una ceniza encendida que vive flotando a lo largo de una playa, como un punto iluminado en la oscuridad de la noche fría que la envuelve, ceniza que lucha por seguir quemándose desde sus entrañas.
Un día no muy lejano la ceniza encontrará una pila de troncos secos para que su potencial sea explotado, su sensualidad ruborizará sus pálidas mejillas y su rosada entrepierna se mantendrá húmeda por mi presencia y para que negarlo tambien mi ego estará ansioso por el encuentro; su potencial no se extingue entre sus piernas, también se oculta en las profundidades de su mente...
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