Lo que me faltaba...

viernes, 16 de agosto de 2024

Viaje sin retorno.

Viajes sin retorno.
Viajas tan lejos que cruzas el punto en el que puedes regresar a tu punto de inicio. Esto es, tan lejos que tú lugar de destino se separa más rápido de tu origen por la expansión del universo que no lograrás regresar por más rápido que viajes de regreso.
Tal vez es difícil de entenderlo si la variable es el espacio, que tal si lo vemos con la variable del tiempo en lugar del espacio.
Tu tiempo de origen siempre está más lejos de lo que puedas viajar por lo que jamás podrás regresar al origen por la expansión entropica del tiempo.

sábado, 25 de mayo de 2024

Duermes

Por fin desperté. Mi cerebro empezó a descifrar mi cuerpo y tuve miedo de no poder moverme. Sentí toda mi vida sobre el cuerpo yun gran dolor de cabeza. Ayer me excedí de alcohol.
Una gota de baba, tal vez moco cayo por mi mejilla y apenas pude sentirlo, me dolía la cabeza; pero había algo mas allí adentro, algo que no sabía que existía.
—¿Dónde deje mis lentes?
Pude ver a una mujer en mi cama, aunque no la reconocí, al menos tenía una espalda muy atractiva. No supe donde estaba, esa no era mi habitación, ni tampoco mi cama, y lógicamente ella no era mi mujer. No recordaba haber tenido sexo esa noche, y si es que lo tuve no había rastros de humedad en ningún lado, totalmente insatisfactorio. Me duele la cabeza.
Cuando me levanté de la cama sentí un fuerte mareo y apenas logré mantenerme en pie, ella tenía el calzón puesto, una linda espalda sin brassiere pero aun con el calzón, no distingo nada. No sabía donde habían quedado mis lentes, no sabía que había hecho, ni tampoco dónde estaba. Me alejé de la cama y esquivé a alguien acostado en el suelo enredado en un par de toallas, más una en la cabeza, ademas pude ver una serie de charcos que venían desde una puerta.
—¿Dónde estoy?
Me dolía la cabeza, me dolía tanto la cabeza, que tarde en percatarme de ese otro sentimiento: la profunda tristeza. Esta tristeza me aplastó, no creo haberme sentido jamás de esa manera, esto iba mas allá de cualquier cosa que yo había conocido. Sentí como mi garganta estaba seca y rasposa, mi piel sensible a cualquier toque y la habitación en donde desperté crecía con cada respiración y yo me encogía cada vez mas. —Ayer lloré —. Lo sentí en la cara.—¿Donde demonios estoy?
Tanto había esperado por poder ser infiel, había idealizado tanto la venganza, qué... —¿Qué demonios quiero de mi vida?
—Ven aquí no digas nada.—Escuché desde el suelo, era mi mujer, ¿qué hacía allí? —Me duele...
Esa noche no había tenido sexo, no con la de la cama, ni tampoco con la que se supone que me amaba, eso es fácil de saber.—¿Qué me pasa?, ¿por qué me siento tan triste?
Me abracé de la mujer que se supone debe amarme, o mejor dicho, de la mujer que se supone que yo amo. —Te quiero —, me dijo, —¡Te quiero! —, pero una repulsión me llegó a la garganta, un impulso de vomito que no había sentido en mi vida, un mareo instantáneo llenó de asco mi rostro, escupí un poco de baba seca que era todo lo que tenía en la garganta. "Te quiero", me había dicho.
Hasta hoy no sé desde que momento deje de amarla, si es que alguna vez supe hacerlo; pero esa sensación no era la culpable de esa tristeza. El contacto con ella me hacía bien, eran las palabras las que me hirieron profundamente, hacía meses que ya estaba resignado a no saber amar. Había decidido vengarme, supuse que el placer propio era suficiente para hacerla sentir lo que ella había destrozado dentro de mi, pero creo que eso no es posible.
El dolor de cabeza no bajaba. —¿Qué estarás haciendo ahora?—Me pregunté desde lo profundo de mi ser, era un ligero eco que no debería de estar allí, pero que empecé a escuchar semanas atrás todos los días al despertar.
—Te quiero—, me volvió a decir, mientras me acariciaba el vientre y bajaba su mano hacía mi entrepierna.— Si ya descansaste, todavía puedes con ella.
Una lágrima al fin salió de mí, una lágrima que volvió a secar mi garganta, esa maldita tristeza regresó y está vez con un temblor que no cedía.
Volteé con temor hacia la cama, esa silueta, ese color de cabello...
—¿Qué estarás haciendo ahora? —dijo un eco en mi cabeza. Eras tu, tu eras la causa del dolor, de este vértigo, del asco y también de la calidez que día con día me llenaba las mañanas y me sacaba del maldito hoyo en el que mi relación me arrastraba.
—Si la quieres es tuya.
Ayer había hecho mucho frió, no estaba tan lejos de ese barrio, iba con ella... No sé qué le conté de ti, no debí decirle nada, no debí sentir lo que siento. No debí enamorarme de ti.
Tomé. Tomé mucho. Me desvelé y el demonio se me apareció para llevarme al cuarto de un hotel. Tu y yo ya habíamos hablado de la noche y sus etcéteras. Te llamé... acudiste. No te dije nada, no podía. Asumiste lo peor, o lo mejor. Brindaste por mi. Me besaste por primera vez y tu verdad me arropó durante la noche. Si, hicimos el amor, como hacía años no hacía el amor, pero alguien nos vigilaba desde el baño.
—Hazlo, véngate y olvídalo todo.
Venganza había dicho, tu no eres una venganza. No estoy seguro si le conté todo, y sí lo hice esta mujer es un demonio, había destrozado la poca felicidad que me mantenía vivo y lo había hecho una simple venganza. En qué momento me confundí tanto, yo solo quería ser libre, y ella... ella era una salida que después de todo tomaría; pero... ¿A quien engaño? Si bien ella no es una venganza, si era mi sueño de infidelidad y la ilusión de salida.
—¿Querías tenerlo todo?, ¿no? —me reclamó. Como si ella no hubiera comenzado todo. Recordé el amor que ya había olvidado, todo lo que vivimos juntos, esas sonrisas. Ella me enseñó a bailar y a cantar. Gracias a ella pude entender quien soy, y también gracias a ella aprendí a escribir como lo hago hoy.
—¡¿No?! —Recalcó señalándote con su brazo.
La amo, eso no ha cambiado, pero cuanto sufrimiento puedo hacerla sentir con mi felicidad. ¿Porqué la vida es así?, ¿porqué mi felicidad me hace daño a mi mismo? No soy capaz de hacer nada más que llorar.
Siempre le había prometido que íbamos a ser eternos y ahora nos quedaremos aquí sin poder hacer nada mientras tu duermes.